El otro día me despertó a primera hora de la mañana, casi de madrugada, mas o menos a eso de las 10, el puñetero soniquete del vendedor ambulante de patatas. Su retahíla eterna era así: "Paaaaapa a un euro, zeñora, a un euro a un euro, er zaco de zinco kilo papa a un euro, oiga zeñora, qué paaaapa, mírala niña, qúe güena pinta tienen, a un euro a un euro, rezién cogía de la tierra, niña, auneuro auneuro auneuro auneuro, vamo que el zaco entero te lo lleva por un euro, vamo niña, baja que ya me quean poco zaco, mira que güena ha zalío la papa, zinco kilo a un euro, auneuro auneuro auneuro auneuro auneuro...".
Me levanté y me asomé por la ventana. El jodío había aparcado la "fragoneta" en el aparcamiento de mi calle.
"Baja ya, niña, y llévate el zaco entero a un euro, auneuro auneuro..."
Obnubilado y con la mente preclaramente jodida, me dispuse a desayunar. Puse la radio de fondo, pero Carlos Herrera, a parte de alegrarse mucho de saludarme, me decía que "las paaapa estaban a un euro, niña, y mírala que güena, auneuro auneuro auneuro..."
Apagué la radio. Puse la tele y apareció Ana Pastor, la periodista, que le preguntaba al Ministro de Cultura "¿por qué en el cine español no se venden papas a un euro, oiga?"
Cambié de canal fuera de mí (ya no quiero tu querer, de mi me mente te he borrado). Apareció el canal 24 Horas, donde el hombre del tiempo anunció que el anticiclón preponderante iba a dejar durante el fin de semana un buen tiempo para vender papas a un euro, niña, auneuro auneuro auneuro auneuro.
Apagué la tele. Sonó el teléfono y era mi madre, preguntándome si yo conocía algún sitio donde vendieran patatas a buen precio. Le dije lo primero que me vino a la mente y colgué. Desde entonces no me habla.
Lo pasé tan mal que me mudé de barrio. También me he vuelto alérgico a la patata y sus derivados.
Hoy me ha despertado otro soniquete recalcitrante. Me he asomado a la ventana con un incontrolable tic en el ojo. De lejos se oía: "Mecedoras, descalzadoras, sillas, tresillos..."
Y salté.
Ya está. ¿Les ha gustado? A mí, tampoco.

Jajaja, me gusta el tonillo desagradable de los finales. Por aquí pasa otro de las papas, pero este dice sin parar '...papas, wenaswenaswenaswenaswenaswenaswenas...', la verdad que consiguen que al final te quedes con el ritmillo wenowenowenowenoweno...
ResponderEliminarEnhorabuena por el comienzo de tu andadura bloguera!!